lunes, 20 de noviembre de 2017

El uso del celular en las escuelas: entre la esclavitud y la libertad

Cuarta entrega de las colaboraciones del proyecto "Iniciación y formación en redacción". En esta ocasión Nadia Álvarez reflexiona  sobre el uso del celular en escuela, sus malos hábitos y sus peores consecuencias. Agradecemos nuevamente a www.ecuadoruniversitario.com la difusión de este artículo y la apuesta decidida y comprometida por la juventud ecuatoriana.


Nadia Álvarez
Los patios de juego se han vuelto lugares sombríos: sin risas, sin pelotas, sin saltos o cantos. Sólo se escuchan tecleos y bips como una película de terror ¿Qué ha sucedido? Evidentemente la sociedad se transforma y todos, especialmente los niños, se adaptan a los nuevos cambios y a las nuevas formas de comunicación con sus semejantes. Nuestros jóvenes, no sólo ellos sino la sociedad en su conjunto, prefieren la interacción virtual antes que la real. Muchos padres no están al tanto de que sus hijos han sustituido noches de sueño por la deslumbrante luz de su mejor amigo, llamado “celular”.


El modo de interacción preferido entre adolescentes son los mensajes de texto. Según un estudio de la Universidad de Católica de Daegu (2012), el 72% de todos los adolescentes se comunican de esa forma. Uno de cada tres adolescentes envía más de 100 mensajes de texto por día, 3.000 textos por mes y el 84% de los adolescentes se van a la cama con su celular en mano y no satisfechos con ello es utilizado las 24 hora del día, siendo un objeto multifuncional en su vida cotidiana.

En casa los jóvenes teclean, discuten y siempre gana las vibraciones a las conversaciones con sus padres. Una escena similar se repite en la escuela. Estos aparatos suelen sonar en horas de clase, sin causar ya alguna sorpresa. Un estudio muestra que el 12% de los estudiantes suelen usar su celular en la escuela, incluso aquellos que asisten a centros educativos donde está prohibido su uso. Así, y a pesar ello, un 65% de los mismos manifiestan llevarlo de todos modos y un 58% afirman haber texteado durante clase y un 25% reconoce haber realizado llamadas.

Los maestros y padres buscan soluciones a esta nueva adicción. En muchas ocasiones desde la imposición y con otras medidas incorrectas. Una reciente experiencia personal vivida durante unas prácticas pre-profesionales en un centro escolar me sorprendió que los chicos tenían prohibido jugar al fútbol y, claro está, su alternativa no es otra que el uso del celular durante su recreo y no se puede regañar a los estudiantes por ello.

Pero ¿Cómo no utilizar esta herramienta en pleno siglo XXI?
No cuestionamos el celular sino su uso y empleo. Pues no cabe duda alguna que nos abre amplios caminos como eficiente herramienta de información e incluso en el proceso de formación y aprendizaje. En otra de nuestras sesiones de prácticas pre-profesionales propusimos a los estudiantes investigar imágenes de paisajes a través del celular para que posteriormente fueran dibujadas, como un simple ejercicio, entre otros tantos de buen uso.

Debemos impulsar, por tanto, una buena concientización a los estudiantes ante la exposición a la red, porque están expuestos a diversos y nuevos problemas de siglo tecnológico: acoso cibernético, sexting, chatear con desconocidos y, especialmente, a recibir una información de muy baja calidad. En ese sentido debemos potenciar su capacidad crítica y de criterio, para que los jóvenes sepan distinguir la paja del trigo.

Estos peligros asechan a diario a nuestros chicos. Por ello es imprescindible que estén al corriente y formados, además, estos asuntos se deben contemplar también en el marco legal ecuatoriano. Estos temas no pueden catalogarse simplemente como “cosas de chicos”, para después preguntarnos por qué existen adolescentes con problemas de ansiedad, cuting, depresión y suicidio. Todas estas cuestiones son consecuencias de una carencia formativa, tanto en adolescentes como en los mayores, y ausencia de “criterio” que los hacen caer en una trampa que puede arruinar su vida por un simple momento diversión en las redes sociales al desconocer las consecuencias de su dimensión.

Como futura docente espero reencontrarme nuevamente con las risas, los juegos y la diversión viva de mis estudiantes y no como esclavos de un celular. También sueño con que se impulse desde la casa, la escuela y desde la sociedad ecuatoriana una política de concientización no sólo desde una perspectiva preventiva, que intente proteger a nuestros adolescentes de los peligros que se pueden encuentran detrás de las pantallas, sino a través de acciones que fomenten el buen uso de esta herramienta así como el resto de las nuevas tecnologías.

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