miércoles, 22 de febrero de 2012

In memoriam del maestro: Ernesto Lecuona Casado (1895-1963)


Ernesto Lecuona Ramos, el padre del Maestro, había nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1834, hijo de José Lecuona Domínguez y Dolores Ramos Castro. Sin terminar los estudios de medicina se incorporó al mundo de la prensa local donde llegó a ocupar la dirección del periódico El Sol de Nivaria. Hacia 1860 como tantos canarios emigró a Cuba en compañía de su hermana Carmen y se estableció en Matanzas, el lugar donde más brillaba la cultura cubana entonces; era un tiempo de gran riqueza para la zona que producía más del 60% de todo el azúcar de Cuba, riqueza que se manifestó en un esplendor cultural y artístico tan relevante que Matanzas recibía el sobrenombre de La Atenas de Cuba.

En Cuba, Lecuona Ramos continuó trabajando en los medios de comunicación escritos, fue periodista de La Aurora del Yumurí, uno de los más prestigiosos de Cuba, donde alcanzó la dirección del mismo y posteriormente dirigiría también El Buscapié (1879), El Conservador (1883) y El Constitucional (1884). En la ciudad de Matanzas, Ernesto Lecuona Ramos conoció a la joven Elisa de la Caridad Casado Bernal; se comprometieron y contrajeron matrimonio el 7 de noviembre de 1885 en la Iglesia de Versalles; ella contaba entonces con 26 y él con 31 años de edad. De su matrimonio nacieron varios hijos: Luis; Ernestina, famosa profesora de música; Elisa, excelente cantante lírica, Fernando, también un creador intelectual y Ernesto Lecuona Casado, sin dudas el músico más importante de Cuba en toda su historia.

Años después y con varios de sus hijos nacidos, Ernesto Lecuona Ramos y su familia pasaron a residir en la que hoy es la Ciudad de La Habana, en el pueblo cercano de Guanabacoa donde dirigió La Cáscara Amarga y El Comercio (1886), este último un importante periódico capitalino, vocero de los comerciantes al detalle de la ciudad, y donde nacería su hijo Ernesto el 6 de agosto de 1895.

En la primera mitad del año 1902 Lecuona Ramos, quien andaba por los 67 años de edad, se sentía enfermo y quizás por un profundo sentimiento de nostalgia decidió regresar a su ciudad natal, Santa Cruz de Tenerife, donde fallecería a los escasos ocho días después de su llegada, el 2 de mayo de 1902. La noticia de su deceso consternó al medio de comunicación donde trabajaba y varios de los principales periódicos se hicieron eco de su fallecimiento, entre ellos La Gaceta Musical de La Habana. Sin embargo, antes de morir, pudo ver los primeros y muy precoces pasos artísticos de niño prodigio que protagonizaba su hijo menor. En un ambiente de creación artística donde ya se destacaban Elisa y Ernestina.

Desde bien temprano el niño Lecuona destacó por sus aptitudes musicales como reseñaba la revista El Fígaro el 31 de enero de 1901. Después de comenzar sus estudios de música en 1903 con su hermana Ernestina Lecuona, ingresó al año siguiente en el Conservatorio de Carlos Alfredo Peyrellade, donde obtendría notas de sobresaliente en el curso correspondiente a su primer año de piano en 1905. A los 13 años de edad, en 1908, publicó su primera obra musical nombrada Cuba y América, estrenada por el maestro Martín Varona en un concierto a cargo de la Banda del Cuerpo de Artillería. Ese propio año Varona la ejecutó en los Estados Unidos.

Hacia 1910 Lecuona tomó clases con los profesores Antonio Saavedra y Joaquín Nim, quien aconsejó que fuera el ilustre pedagogo musical Hubert de Blanck quien continuara con la educación de Lecuona. En 1907 y por necesidades familiares, Lecuona ejecutaba música en los cines silentes de la época y en los dos años posteriores estrenó varias obras breves con libretos de su hermano Fernando. Estas pequeñas comedias musicales fueron sus cartas de presentación en el mundo musical de entonces.

En 1912 el maestro Hubert de Blanck organizó el primer recital de Lecuona en el conservatorio, en el cual, además de Liszt, Chopin y otros grandes maestros, el alumno ejecutó varias danzas de su inspiración, entre ellas la mundialmente conocida por el título de La Comparsa. Tenía entonces 17 años de edad. Durante estos años Lecuona ofreció recitales con obras propias y de grandes autores, así como participó en certámenes hasta el 12 de julio de 1916 en que se despidió del público habanero con un gran concierto antes de su viaje a los EE.UU. donde fue contratado en el teatro Capitol e imprimió rollos de pianola con varias de sus obras, entre ellas la también muy famosa Malagueña.

El 1 de marzo de 1918 Lecuona creó, junto al gran compositor cubano José Mauri, el Instituto Musical de La Habana, pero pronto se alejó de tal empresa por considerar que no reunía condiciones de pedagogo musical, aunque formó parte en los tribunales de los concursos musicales de la época. El 18 de marzo de 1922, Lecuona se convirtió en el primer pianista cubano en ser presentado por la recién inaugurada sociedad Pro-Arte Musical, en un concierto que incluyó a Debussy, Enky y otros.

Lecuona comenzaba a darse a conocer y a realizar giras triunfales por varias partes del mundo. En 1925, de regreso en La Habana realizó varias actuaciones, entre ellas un homenaje a su maestro Hubert de Blanck. Posteriormente realizaría otras giras, entre ellas un viaje a París y otros a Panamá y Costa Rica. En la capital francesa, el 2 de junio de 1928 demostró sus inigualables dotes pianísticas; siendo reseñada su actuación en La América Latina: La música cubana triunfó ayer noche en París en la sala Pleyel, ante una gran concurrencia, en el admirable compositor y pianista Ernesto Lecuona (…) no solamente se nos mostró como virtuoso impecable del sentimiento y tecnicismo refinado del piano, sino además compositor colorista y pintoresco (…)”.

Lecuona fue un gran viajero y embajador de la cultura cubana. Entre sus giras se pueden destacar las realizadas a los EE.UU., donde compuso música para el cine y obtuvo éxitos notables en diversas plazas. También realizó exitosas presentaciones en Montevideo, Santiago de Chile, San José de Costa Rica, San Juan de Puerto Rico, Lima y otras ciudades hispanoamericanas.

En 1935, Ernesto Lecuona recibía la Orden de Carlos Manuel de Céspedes, máxima distinción que entonces concedía la República de Cuba, en el grado de Caballero, de manos del gobierno cubano. En 1937 realizó una gira por el interior de Cuba, llevando su arte a diversas ciudades y otros lugares donde obtuvo éxitos tras éxitos. En marzo de 1943, Ernesto Lecuona ofreció un gran concierto en la Unión Panamericana, en Washington, y el día 10 de octubre se presentó en el Carnegie Hall de Nueva York. Estas presentaciones contribuyeron a realzar su fama como extraordinario compositor y pianista. Después, estuvo en varias ocasiones en diversas ciudades norteamericanas. Y en 1950 realizó una exitosa gira por España y a su regreso a Cuba una gira por el interior de la isla caribeña.

En 1952 Lecuona recibía un homenaje por parte del Ministro de Educación, en razón de sus méritos notorios en el campo de arte cubano, y en 1955 fundó, junto a Gonzalo Roig, la Sociedad Nacional de Autores de Cuba que estableció convenios de representación recíproca con las principales sociedades homólogas de España, Estados Unidos, Alemania y otros países.

Desde 1946 y hasta 1953 Lecuona residió en su finca La Comparsa, nombrada así en honor de una de sus más famosas obras, y que estaba situada entre Guatao y San Pedro, en los alrededores de la ciudad de La Habana. Allí componía y ejecutó obras, no solo suyas, sino también de los grandes maestros clásicos. Lecuona era un gran admirador de Beethoven, Chopin, Debussy y Gershwin. Lecuona destacaba por sus perfectas ejecuciones al piano de los maestros mencionados y era el único entre los grandes de la música cubana que unía a su gran talento de compositor la sin par maestría de ejecutante.

En 1957 Lecuona realizó una nueva gira exitosa por España y regresó a su isla natal donde el maestro ofreció sus últimos conciertos en Cuba que tuvo lugar en La Habana los días 23, 27 y 30 de mayo de 1959. Poco después, con motivo de la filmación de una película que se debía titularse Malagueña, dedicada a la vida de Lecuona, viajó a los EE.UU., donde residió hasta mayo de 1963. Allí, en la ciudad de Tampa, enfermó gravemente y por consejo médico pasó a España en el mes de septiembre. Llegó el músico a Santa Cruz de Tenerife, donde había nacido y muerto su padre, y pocos días después se trasladó a Málaga, cuya Alcaldía le obsequió una casa en la playa de Torrelodones, en gratitud por su obra Malagueña y fue nombrado además "Hijo Adoptivo" de Málaga. Después, Lecuona viajó a Barcelona, donde se agravó nuevamente y le aconsejaron que se trasladara a Tenerife, lo que hizo por mar. Se hospedó en el Hotel Mencey donde fue visitado por los periodistas Alvaro Martín y Vicente Borges. Este último realizaría la última entrevista al Maestro, el 9 de octubre, publicada en el periódico La Tarde varios días después de su fallecimiento.

En Santa Cruz de Tenerife fue muy sentida la muerte de Ernesto Lecuona. La prensa reseñó ampliamente el suceso, ocurrido a las 23.00 horas del 29 de noviembre de 1963 en el Hotel Mencey. En un artículo aparecido en el periódico El Día, bajo la firma de Luis Álvarez Cruz y con el título “Réquiem por Ernesto Lecuona” se decía: “Ernesto Lecuona ha muerto en Tenerife. El me había prometido (…) una canción. Vendría a ser esa canción inspirada en temas insulares, como el rendido homenaje de quien se sabía tinerfeño a lo largo de varias generaciones. Pero no fue una canción. Lo que trajo fue la vida. La vida y la muerte. Es decir, todo. La historia cubana ‑porque, esencialmente es una historia cubana‑ que un día comenzaron a entretejer a la sombra del Teide los abuelos de Ernesto Lecuona, ha tenido desenlace en la propia isla de origen. Aun que, en realidad, se trata de una historia entre dos islas. Una de tantas y tantas historias de esas, más o menos sabidas o ignoradas, que suelen ocurrir entre esta isla y esa otra con la que en lejanos tiempos ‑tiempos de veleros y de peluconas- nos encontrábamos todos a la vuelta del Atlántico. Bien, es el caso que Ernesto Lecuona, el famoso compositor cubano, ha dejado de existir (...). Ya todo ha terminado, aunque tal vez todo empiece ahora para Ernesto Lecuona, que después de sentir sobre su cuerpo el peso de la tierra, flotará en la superficie de las ondas musicales que creó y en ellas se mantendrá para siempre, incluso hasta cuando, como acontece con las coplas, su nombre pudiera palidecer en la pizarra del tiempo...”.

Al otro día del suceso, se anunció una solemne misa -acorde con la religiosidad que siempre marcó al Maestro- en la iglesia de Santa Lastenia y que sus restos serían trasladados por sus familiares a Nueva York, donde se le dio sepultura en el cementerio de Westchestrer. Evidentemente el origen canario de Ernesto Lecuona, sumado al hecho de que su muerte ocurriera en Tenerife motivó que en Canarias, y por las instituciones de las islas, incluso fuera de ellas, se rindieran emotivos homenajes al gran músico cubano con motivo de su fallecimiento. Así en Madrid, precisamente en el Hogar Canario, se celebró un homenaje póstumo al Maestro que fue reseñado en la edición del 20 de diciembre del periódico El Día.

Tenerife, 2004
En colaboración con José Fernández Fernández

Portada del libro

1 comentario:

  1. Felicidades por el artìculo, y el agredecimiento de todos los melòmanos que disfrutamos la música de Lecuona . Cree usted que lo podrìa comprar en La Casa del Libro, en España ? ; Muchas gracias si me puede orientar . Cómo podría contactactarlo?

    Dr. Roberto Gómez , Mexico .

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